20200315

Yo me quedo en casa

14 de marzo de 2020





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Ermita de Huéneja acuarela de Jesús Gonzalez



Mira esta y otras entradas si quieres pasar el rato,
Ermita de Nuestra Señora de La Presentación de Huéneja

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El saber no ocupa lugar:


GUADIX DURANTE LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA: CONTRIBUCIÓN PARA SU ESTUDIO. APORTACIONES DE HUÉNEJA Y OTRAS LOCALIDADES DE LA DIÓCESIS (1808-1814).
Miguel Ángel RIVAS HERNÁNDEZ*
Fecha de terminación del trabajo: septiembre de 2008.
Fecha de aceptación por la revista: abril de 2009.
RESUMEN
Las urgencias de la guerra contra el invasor francés, así como las necesidades de la Junta Suprema Central y Gubernativa del Reino, obligaron a adoptar medidas extremas.
Entre éstas sobresale la instrucción dictada en abril de 1809 y dirigida a las diócesis españolas solicitando la entrega de aquellas alhajas de plata y oro no imprescindibles para el culto. En cumplimiento de esta orden, las iglesias del Obispado de Guadix contribuyeron así a la causa nacional, cuyos inventarios han permitido reconstruir el carácter de sus ajuares.
Palabras clave: Guerra de la Independencia; Patrimonio eclesiástico; Vasos sagrados; Platería.
Identificadores: Cabello, fray Marcos.
Topónimos: Marquesado del Cenete; Ermita de Nuestra Señora de la Presentación (Huéneja); Granada (Provincia); España.
Período: Siglo 19.
* Profesor de Educación Secundaria y Bachillerato (I.E.S. «Valle de Lecrín» de Dúrcal, Granada). Correo electrónico: Miguelangel_rivashernandez@yahoo.es
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298 MIGUEL ÁNGEL RIVAS HERNÁNDEZ
Bol. Cen. Pedro Suárez, 22, 2009, 297-306 ISSN 1887-1747

En el archivo diocesano de Guadix se conserva en un legajo titulado Documentos
singulares, un cuadernillo cosido a mano de 23 folios más otros dos sueltos y otro de ¼ (cuartilla), todos ellos en buen estado. Trata sobre la plata aportada a la causa patriótica por algunas de las iglesias de la diócesis de Guadix y tiene la fecha de 1809.
Se alude en su contenido a una Instrucción, enviada desde el Real Alcázar de Sevilla con fecha de 8 de abril de 1809 y firmada por Francisco de Saavedra. Va dirigida al Obispo de Guadix, por entonces fray Marcos Cabello López (1804-1819) y es una más de las enviadas al resto de las diócesis españolas. En ella se le comunica una Real Orden encomendándole al Prelado una resolución soberana, en nombre del Rey preso en Bayona, para que todas las iglesias y comunidades religiosas concurran a los gastos urgentes del Estado con las alhajas y plata que no sean absolutamente necesarias para el culto. Se pretende con esta medida “evitar i disminuir el saqueo de estas [iglesias] y las atrocidades sacrílegas que se cometen con este motivo por las tropas francesas”1.
Está claro que, detrás de este argumento de carácter piadoso, está la necesidad perentoria de acudir con el producto de su venta al sostenimiento de la propia Junta Suprema Central y Gubernativa del Reino y de su política de resistencia al invasor. De ello y de la trascendencia de esta medida se hará eco la propia Junta Suprema al reconocer que se trata de una medida excepcional y contraria a sus principios, “y solo muy rara vez ha llegado a emplear el valor de aquellas [alhajas] que sus Prelados o Cabildos han entregado voluntariamente, en grandes necesidades públicas, por no servir ya para el culto”.
De ahí que, aparte de sugerir la mayor brevedad posible en su recogida, resuelve que a todas las iglesias que colaboren en esta medida se les entregue el correspondiente resguardo con el valor intrínseco de las alhajas que pongan a disposición del Gobierno con la seguridad de su posterior satisfacción. Máxime cuando la medida se toma a propuesta de los propios prelados y cabildos como se da a entender en la justificación que prologa dichas instrucciones. Con la finalidad de que se proceda dentro de la mayor celeridad y eficacia se prescribe sobre todo el orden con que deberá procederse en este asunto, tal y como se manifiesta en ellas. Así:
"1º. Los MM.RR. Arzobispos y RR. Obispos del Reino […] cuidarán de remitir esta instrucción y la circular con que se les dirige, a todas las iglesias y a los Prelados y Preladas de las Comunidades religiosas de sus respectivas diócesis para que se enteren todos de los graves y urgentes motivos que han obligado a esta Providencia, y para que puedan cumplirla con el conocimiento que corresponde.
2º. Luego que los Párrocos, Ecónomos o encargados de las iglesias y los Prelados o Preladas de las Comunidades religiosas reciban estos documentos formaran una lista o inventario por duplicado de las alhajas de oro y plata que no sean absolutamente necesarios para la manutención del culto, y la remitirán con la mayor brevedad posible, y con uno de los inventarios a su respectivo Diocesano quien dispondrá de las remesas a esta capital luego que haya recogido una cantidad proporcionada para ejecutarlas, cuidando que se hagan con la debida distinción quedando en su Secretaria con copia de dichos inventarios y remitiendo por el correo otra copia de ellos al Tesorero general que es a quien deben dirigirse las conductas o remesas.
3º. Lo mismo podrán ejecutar los cabildos de las Santas Iglesias de España con las alhajas de la misma especie de ellas.
4º. El Tesorero General dispondrá un libro en que con expresión de Diócesis y con la misma distinción, se asienten las remesas que se vayan haciendo de estas alhajas, e inmediatamente las hará pasar a la Real casa de moneda, donde ensayadas que sean bajo el mismo orden y determinado su valor dará el Tesorero de la misma casa los créditos respectivos a favor del [Tesorero] general.
5º. Este Ministro luego que haya recogido estos créditos hará expedir a favor de cada una de las Iglesias el libramiento o vale de caja que la corresponda, y lo remitirá sin detención a los respectivos Diocesanos o cabildos, para el debido resguardo de cada una de la Iglesias.
6º. Luego que cesen las actuales criticas circunstancias, y que no puedan temerse los desórdenes, y robos sacrílegos de los franceses en los Templos, se aplicara el producto de una de las rentas del Estado a fin de satisfacer progresivamente, y según lo permitan sus demás obligaciones estos créditos que se declaran deuda nacional.
7º. Para que se proceda en el pago de esta deuda sin el más recto motivo de queja de preferencia alguna se establece desde ahora y para cuando llegue el caso de ejecutarlo, que no pueda verificarse sino por el orden bajo que se ha recibido su importe, y que se satisfagan al mismo tiempo todas las cantidades que hayan recibido en un mismo día en la Tesorería General.
Es esta una copia de 8 de abril de la original, que S.M. había aprobado cuatro días antes.”
Conocido pues el orden y procedimiento a seguir, se procede, en efecto, a confeccionar las listas o inventarios de las respectivas iglesias y comunidades religiosas con la inclusión en ellas de las hermandades, patronatos, etcétera, de esta diócesis de Guadix. Constarán en ellas las alhajas de plata y oro que no siendo absolutamente necesarias para el culto se remiten al tesorero general del Reino, que serán aplicables a las urgencias del Estado según orden de la Suprema Junta Central del mencionado día 8 de abril.
Anejo a estas instrucciones van, pues, las relaciones de dichos pueblos, entre ellas las de Huéneja, tal y como se expresan originalmente a continuación:
Huéneja.

Se da cuenta y relación de las alhajas propias de la parroquial de esta villa, por el cura de ella en estos momentos, don Pedro Sánchez Mariscal, quien la remitirá, en cumplimiento de dicha orden de la Junta Suprema Central, a la Secretaría de Cámara del Ilmo. Sr. Obispo de la ciudad de Guadix, a las que añadirá las del santuario de la ermita o ermita de Nuestra Señora de la Presentación:

A. De la Iglesia:

Una lámpara de plata que pesa 3 libras y 13 onzas.

Un par de vinajeras, pesaron 1 libra y 9 onzas.

Una cruz de plata, 1 libra.

Un cáliz, patena y cuchara, 1 libra y cuatro onzas.

Total, de la Parroquia: 6 libras y 10 onzas.

B. Del Santuario de la Ermita:

Una lámpara de plata, pesa 4 libras y 13 onzas.

Total, de plata que se envía: 11 libras y 7 onzas.

Se firma el correspondiente resguardo en Huéneja el 6 de mayo de 1809, recibiéndose en el Obispado al día siguiente.

En otros pueblos los resultados serán los que siguen:
Alcudia (sin especificar peso).
􀀍฀cáliz de plata con patena y cuchara.
􀀍฀dos vinajeras de plata y un copón completo.
Albuñán.
􀀍฀un cáliz con su patena de plata, con peso de 17 onzas y media.
􀀍฀dos vinajeras y plato, con peso de 14 onzas y media
Ferreira.
A. De la Fábrica:
􀀍฀un cáliz y patena de plata, con peso de 1 libra y cuatro onzas.
􀀍฀una lámpara de plata, con peso de 3 libras y 7 onzas.
􀀍฀una porción de ofrendas de hoja de lata, con peso de 1 libras y 4 onzas.
􀀍฀una porción de ofrendas con piedras embutidas, con peso de 13 onzas.
B. Hermandad del Santísimo Sacramento:
􀀍฀cruz de estandarte de la Hermandad del Santísimo, con peso de 14 onzas.
C. Hermandad de Ánimas:
􀀍 de un cetro con siete cañones, Crucifijo y Ánimas de la Hermandad de las Ánimas del Purgatorio, con peso de 1 libra y 13 onzas.
Graena (sin especificar peso).
􀀍฀un cáliz con patena y unas vinajeras de plata.
Darro.
No hay oro ni plata.
La Calahorra.
A. De la Fábrica parroquial:
􀀍฀una lámpara, un cáliz, un cetro de Nuestra Señora del Rosario, media luna de Nuestra Señora del Rosario, cetro de la Virgen del Carmen y una custodia de San Ramón, todo ello de plata, con peso de 15 libras y 4 onzas.
B. De la Hermandad del Santísimo Sacramento:
􀀍฀una cruz de plata, con peso de 4 libras.
C. De la Hermandad de Ánimas:
􀀍฀una cruz de plata, con peso de 1 libra y 2 onzas.
D. De la ermita de San Gregorio:
􀀍฀un cáliz de plata, patena y cucharita, con peso de 1 libra, 14 onzas y media.
E. De la capilla de los Alvarados:
􀀍฀una cruz y seis candeleros de plata, con peso de 9 libras y 5 onzas.
Total de La Calahorra: 31 libras y 9 onzas y media.
Dólar.
A. De la Hermandad del Rosario:
􀀍฀cinco cañones, cuatro campanillas y una cruz de estandarte, todo de plata, con peso de 3 libras y 8 onzas.
B. De la Hermandad del Santísimo Sacramento:
􀀍฀seis cañones y un cáliz pequeño, de plata, con peso de 1 libra y 1 onza.
C. De la Fábrica:
􀀍฀dos lámparas –grande y pequeña–, dos cálices con sus patenas, dos vinajeras con plato, campanilla y cruz parroquial, con peso de 10 libras.
Total de Dólar: 14 libras y 9 onzas.
Galera.
A. De la Fábrica:
– un copón de plata dorada, con peso de 30 onzas.
– unas vinajeras y platillo de plata, con peso de 12 onzas.
– unas potencias de plata, con peso de 10 onzas.
– una fuentecita de plata con insignia del Rosario, con peso de 6 onzas.
B. De la ermita de San Antonio:
􀀍฀un cáliz y patena de plata, dorada por dentro, con peso de 18 onzas.
C. De la Hermandad del Santísimo Sacramento:
􀀍฀un cetro de plata, con peso de 2 libras y 11 onzas.
Total de Galera: 129 onzas.
Exfiliana (no consta peso).
􀀍฀unas vinajeras y una salvilla.
Como podemos observar, de los diez lugares reseñados, sólo constan cantidades específicas respecto al peso en libras y onzas en seis de ellas, siendo La Calahorra la que realiza mayores aportaciones en 1809, seguida de Dólar y en tercer lugar de Huéneja. En relación con los objetos entregados, destacan por su cuantía los vasos sagrados como once cálices –completos o no– y dos copones.
Le siguen en importancia las vinajeras, hasta siete pares, y seis lámparas de plata de distinto tamaño. Se constata también, por último, el papel importante de las donaciones voluntarias realizadas por las hermandades más significativas radicadas en cada lugar, sobre todo de La Calahorra y Dólar, así como de sus ermitas. Es decir, se pone de manifiesto el interés de la diócesis de Guadix a través de las parroquias aquí representadas y demás instituciones religiosas de contribuir –junto con los ayuntamientos–, a la causa nacional dentro de sus limitadas posibilidades.
Con posterioridad a esta fecha se constatan dos nuevas aportaciones de Huéneja, pero esta vez dirigidas a su Ayuntamiento. Tienen lugar en 1813 y en 1814, y provienen ambas del caudal perteneciente a la ermita de Nuestra Señora de la Presentación, que obligará a paralizar unas obras de cierta envergadura que se estaban acometiendo tanto en su iglesia como en la vivienda del ermitaño y el corral anexo.
Era su artífice Francisco de Biedma, natural del pueblo y sus resultados hasta entonces no debieron ser muy satisfactorios, pues en la visita del obispo fray Marcos Cabello López, en 1807, mandará traer nuevos arquitectos “de inteligencia” y finalizar lo emprendido. Todo esto viene a significar un paréntesis de siete años en esta intervención en la ermita, hasta 1815, en que se reanudan las obras paralizadas a causa de la guerra; pero ahora preferentemente dentro del templo, sobre todo de su retablo, afectado por el abandono, el solado del piso del altar mayor, la recomposición de las vidrieras y otras actuaciones de menor índole. Sólo conocemos la cuantía del segundo préstamo al Concejo, que ascendió a 4.650 reales y su destino, muy probablemente, la Tesorería de la Junta Suprema de Sevilla a través de su representación granadina2.
Respecto a otros sucesos relacionados con el conflicto armado en esta localidad sabemos solamente, de acuerdo con los datos hallados hasta ahora, la muerte por soldados franceses del paisano de Huéneja José Manuel Villegas, ocurrida tres años antes, es decir, en 18103.
Otro suceso que, de constatarse documentalmente, sería de especial interés por su dramatismo, es el que, al parecer, pudo tener lugar en la Venta de Espinar donde, según testimonios transmitidos de padres a hijos, tuvo lugar un encuentro entre paisanos armados y franceses. Estos últimos, cuando se dirigían desde Almería hacia el interior, debieron vencer una fuerte resistencia en dicha Venta, entonces como hoy ubicada en el Camino Real de Guadix a Fiñana y Almería, y ruta estratégica de primer orden para los convoyes franceses que frecuentaban esta vía de entrada y salida desde el Marquesado hacia la costa y viceversa. Dicha actitud habría obligado al enemigo galo a tomar dependencia por dependencia horadando las paredes medianeras. ¿Sería en esta acción –de haberse producido– donde pudo haber fallecido el paisano de Huéneja antes mencionado, puesto que no se menciona en su partida de registro el lugar del deceso?


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ISSN 1887-1747 Bol. Cen. Pedro Suárez, 22, 2009, 297-306
NOTAS
1. Archivo Histórico Diocesano de Guadix. Documentos singulares. Sobre plata de las iglesias (1809). Se incluyen aquí, los textos e instrucciones reseñadas literalmente.
2. Cfr. RIVAS HERNANDEZ, Miguel Ángel. Huéneja. Ermita y culto de Nuestra Señora de la Presentación. Huéneja: Ayuntamiento, 2000.
3. Archivo Parroquial de Huéneja, leg. 43. Libro de Defunciones (1804-1822), f. 141v.
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Mira el arte de Goya:


https://www.almendron.com/artehistoria/arte/pintura/goya-realidad-e-imagen/

19 de marzo San José, felicidades, clicleando en la imagen de El Sueño de San José de Francisco de Goya o en el enlace pasaréis un rato disfrutando de su obra:



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Otra lectura

Vean ahí lo que nos refirió el viejo marqués de Arville, a los postres de la comida con que inaugurábamos aquel año la época venatoria en la residencia del barón de Ravels.

Habíamos perseguido a un ciervo todo el día. El marqués era el único invitado que no tomó parte alguna en aquella batida, porque no cazaba jamás.

Durante la fastuosa comida casi no se habló más que de matanzas de animales. Hasta las señoras oían con interés las narraciones sangrientas y con frecuencia inverosímiles; los oradores acompañaban con el gesto la relación de los ataques y luchas de hombres y bestias; levantaban los brazos, ahuecaban la voz.

Agradaba oír al señor de Arville, cuya poética fraseología resultaba un poco ampulosa, pero de buen efecto. Es indudable que habría referido muchas veces, en otras ocasiones, la misma historia, porque ninguna frase lo hizo dudar, teniéndolas todas ya estudiadas, muy seguro de producir la imagen que le convenía.

—Señores: yo no he cazado nunca; mi padre, tampoco; ni mi abuelo ni mi bisabuelo. Este último era hijo de un hombre que había cazado él solo más que todos ustedes juntos. Murió en mil setecientos sesenta y cuatro, y voy a decir de qué manera.

"Se llamaba Juan, estaba casado y era padre de una criatura, que fue mi bisabuelo; habitaba con su hermano menor, Francisco de Arville, nuestro castillo de Lorena, entre bosques.

"Francisco de Arville había quedado soltero; su amor a la caza no le permitía otros amores.

"Cazaban los dos todo el año sin tregua, sin descanso y sin rendirse a las fatigas. Era su mayor goce; no sabían divertirse de otro modo; no hablaban de otro asunto: sólo vivían para cazar.

"Dominábalos aquella pasión terrible, inexorable, abrasándolos, poseyéndolos, no dejando espacio en su corazón para nada más.

"Habían prohibido que por ninguna causa les interrumpieran en sus cacerías. Mi bisabuelo nació mientras perseguía su padre a un zorro y, sin abandonar su pista, Juan de Arville murmuró:

"—¡Recristo! Bien pudo esperar ese pícaro para nacer a que yo termine.

"Su hermano Francisco se apasionaba aún más en su afición. Lo primero que hacía en cuanto se levantaba era ver a los perros y los caballos; luego, entreteníase disparando a los pájaros en torno del castillo hasta la hora de salir a caza mayor.

"En la comarca llamábanles el Señor marqués y el Señor menor;entonces los aristócratas no establecían en los títulos —como ahora la nobleza improvisada quiere hacerlo- una jerarquía descendiente; porque no es conde un hijo de marqués ni barón un hijo dvizconde, como no es coronel de nacimiento el hijo de un general. Pero la vanidad mezquina de los actuales tiempos lo dispone así.

"Vuelvo a mis ascendientes.

"Parece ser que fueron agigantados, velludos, violentos y vigorosos; el joven aún más que su hermano mayor, y tenía una voz tan recia, que, según una opinión popular que le complacía, sus gritos agitaban toda la verdura del bosque.

"Y, al salir de caza, debieron de ofrecer un espectáculo admirable aquellos dos gigantes, galopando en dos caballos de mucha talla y brío.

"El invierno de mil setecientos sesenta y cuatro fue muy crudo y los lobos rabiaron de hambre. Atacaban a los campesinorezagados, rondaban de noche alrededor de las viviendas, aullaban desde la puesta de sol hasta el amanecer y asaltaban los establos.

"Circuló un rumor terrible. Hablábase de un lobo colosal, de pelo gris, casi blanco; había devorado a dos niños y el brazo de una mujer; había matado a todos los mastines de la comarca y saltando las tapias, oliscaba sin temor alguno bajo las puertas.

Ningún hombre dejó de sentirle resoplar; su resoplido hacía estremecer la llama de las luces. Invadió la provincia un pánico terrible. Nadie salía de casa de noche ni al anochecer. La oscuridad parecía poblada en todas partes por la sombra de aquella bestia...

"Los hermanos de Arville, resueltos a perseguir y matar al monstruo, dispusieron grandes cacerías, invitando a los nobles de la región.

"Todo fue inútil; ni en los bosques ni entre las malezas lo hallaron jamás. Mataban muchos lobos, pero aquél no aparecía.Y cada noche, al terminar la batida, como para vengarse, la
bestia feroz causaba estragos mayores, atacando a un caminante o devorando alguna res; pero siempre a distancia del sitio donde lo buscaron aquel día.

"Entró una de aquellas noches en la pocilga del castillo de Arville y devoró los dos mejores cerdos.

"Juan y Francisco reventaban de cólera, suponiendo aquel ataque una provocación del monstruo, una injuria directa, un reto. Con sus más resistentes sabuesos, acostumbrados a
perseguir temibles bestias, aprestáronse a la caza, rebosando sus corazones odio y furor.

"Desde el amanecer hasta que descendía el sol arrebolado entre los troncos de los árboles desnudos, batieron inútilmente los matorrales.

"Regresaban furiosos y descorazonados, llevando al paso lascabalgaduras por un camino abierto entre maleza, sorprendiéndose de que burlase un lobo toda su precaución y poseídos ya de una especie de recelo misterioso.

"Juan decía:

"—Esa bestia no es como las demás. Parece que piensa y calcula como un hombre.

"Y contestaba Francisco:

"—Acaso conviniera que nuestro primo el obispo bendijese una bala, o que lo hiciese algún sacerdote de la región, rogándole nosotros que pronunciase las palabras oportunas.

"Callaron y, después de un silencio, advirtió Juan:

"—Mira el sol, qué rojo. La fiera no dejará de causar algún daño esta noche.

—Apenas había terminado la frase, cuando su caballo se encabritó; el de Francisco giraba. Un matorral, cubierto de hojas marchitas, crujió, abriendo paso a una bestia enorme y gris que, saliendo rápidamente de su escondrijo, se internó al punto en el bosque.

"Los dos de Arville articularon una especie de rugido que demostraba su fiera satisfacción y encogiéndose, inclinados hacia adelante, pegándose al cuello de sus briosos caballos, impulsándolos con todo su cuerpo, los lanzaron a la carrera, excitándolos, arrastrándolos, enloqueciéndolos de tal modo con las voces, con sus movimientos, con la espuela, que los
hercúleos caballeros, como si un ímpetu gigantesco los condujera volando, parecían arrastrar entre las piernas a sus caballos, que iban a escape, tocando en el suelo con el vientre, haciendo crujir los matorrales y salvando las torrenteras, encaramándose por escarpadas pendientes y descendiendo por angostas gargantas. Los caballeros hacían resonar las trompetas con toda la fuerza de sus pulmones, llamando a sus criados y a sus perros.

"De pronto, en aquella furiosa y precipitada persecución, tropezó mi abuelo con la cabeza en una rama que le abrió el cráneo y cayó sin sentido, mientras el caballo continuaba su carrera loca, desapareciendo en la densa oscuridad que iba envolviendo el bosque.

"Francisco de Arville paró en seco y se apeó, cogiendo en brazos a su hermano; vio que por la herida, entre la sangre, asomaba también el cerebro.

Entonces, apoyándolo sobre sus rodillas, contempló el rostro ensangrentado, las facciones rígidas, inertes, del marqués. Poco a poco un miedo lo invadió, un miedo extraño que no había sentido nunca. Temía la oscuridad, la soledad, el silencio del bosque; hasta llegó a temer que apareciera el fantástico lobo, que se vengaba de aquella persecución tenaz de los Arville haciendo morir al mayor de los hermanos.

"Espesaban las tinieblas; el frío, agudo, hacía crujir los árboles. Francisco se incorporó, tembloroso, incapaz de permanecer allí más tiempo, sintiéndose casi desfallecer. No se oía nada; ni ladridos de perros ni voces de tropa; todo estaba mudo en el invisible horizonte, y aquel silencio taciturno de una helada noche tenía bastante de horroroso y extraño.

"Alzó entre sus manos de coloso el cuerpo gigantesco de Juan, atravesándolo sobre la silla para llevarlo al castillo, montó y se puso en marcha, despacio, sintiendo una turbación semejante a la embriaguez, perseguido por espectros indefinibles y espantosos.

"De pronto, una forma vaga cruzó el sendero que la nocturna oscuridad invadía. Era la bestia. Una sacudida brusca, un verdadero espanto agitó al cazador; algo frío, como una gota de agua, se deslizó sobre sus riñones; y, como un ermitaño que ahuyenta a los demonios, el caballero hizo la señal de la cruz, desconcertado ante aquella temible aparición del espantoso vagabundo. Pero sus ojos refrescaron su memoria, presentándole a su hermano muerto; y, de pronto, pasando en un instante del miedo al odio, rugió furiosamente y espoleando al caballo se lanzó tras el lobo. "

"Lo siguió entre los matorrales, por las torrenteras y a través de bosques desconocidos. Galopaba con la vista penetrante, clavada en la sombra que huía; tropezaban en los troncos y en las rocas la cabeza y los pies del muerto atravesado en la silla. Le arrancaban el cabello las zarzas y salpicaba con sangre los árboles, golpeándolos con la frente; las espuelas rechinaban y hacían saltar chispas de los pedruscos.

"De pronto, la bestia y su perseguidor salieron del bosque y se lanzaron a un valle cuando aparecía la luna en lo alto del monte; un valle pedregoso, cerrado por enormes rocas. No hallando fácil salida por aquella parte, la bestia retrocedió.

"Francisco no pudo contener un alarido estruendoso de alegría, que los ecos repitieron como repiten el rodar de un trueno, y saltó a tierra empuñando el cuchillo de monte.

"La bestia, con los pelos erizados y arqueado el cuerpo, lo aguardaba. Pero antes de comenzar el combate, cogiendo el cazador el cuerpo de su hermano lo apoyó entre unas rocas, y sosteniéndole con piedras la cabeza, que parecía una masa de sangre cuajada, le dijo a voces, como si hablara con un sordo:

"—¡Mira, Juan! ¡Mira eso!

"Y se arrojó sobre la bestia. Sentíase bastante poderoso para levantar en vilo una montaña, para triturar pedernales entre sus dedos. La bestia quiso hacer presa en él, procurando arrimar su hocico al vientre del cazador; pero éste la tenía sujeta por el cuello y la estrangulaba tranquilamente con la mano, sin acordarse del cuchillo, gozándose al sentir los ahogos de su garganta y las palpitaciones de su corazón. Reía, reía más, cuanto más apretaba; reía gritando: '¡Mira, Juan! ¡Mira eso!' Ya no hallaba resistencia: el cuerpo del monstruo cedía con blandura. Estaba muerto.

"Entonces Francisco lo alzó, y acercándose a su hermano con aquella carga inerte dejó caer un cadáver a los pies de otro cadáver, diciendo, conmovido y cariñoso:

"—Toma, Juan; tómalo; ahí lo tienes.

"Después colocó en la silla los dos cuerpos y se puso enmarcha.

"Entró en el castillo riendo y llorando, como Gargantúa cuando el nacimiento de Pantagruel. Pregonaba la muerte de la bestia con exclamaciones de triunfador y gritos de gozo; refería
la muerte de su hermano, gimiendo y arrancándose las barbas.

"Y, pasado el tiempo, cuando hablaba de aquella noche fatal, decía con lágrimas en los ojos:

"—¡Si al menos hubiese podido ver el pobre Juan cómo estrangulé al otro, es posible que muriera satisfecho! ¡Estoy seguro!

"La viuda educó a su hijo haciéndolo odiar la caza y ese odio se ha transmitido hasta mí de generación en generación."

El marqués de Arville había terminado.

Alguien preguntó:

—Esa historia es una leyenda, ¿verdad?

Y el marqués respondió:

—Aseguro que todo es cierto, que todo ha ocurrido.

Y una señora dijo con dulzura:

—De cualquier modo, agrada oír contar que alguien se apasiona fieramente.


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25 de abril, San Marcos en Huéneja.

 Foto de 2015




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1 de Mayo, San José Obrero en La Huertezuela.




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2 de mayo, festividad de Nuestra Señora de Araceli patrona de Lucena y del campo andaluz. 

 
Felicidades.


15 de Mayo, San Isidro en Venta Ratonera.

El milagro del pozo. Alonso Cano (1638-1640)




Mira:





yomequedoencasa/15marzo2020

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