Huéneja, una fría mañana
Rayos de sol despuntan tímidos,
tocan la tierra con su suave aliento,
y en el aire flota el perfume a calma.
La soledad se extiende como manta,
cubriendo las calles solitarias,
mientras el silencio se posa en las montañas,
tan profundo, tan sereno.
La quietud se convierte en un canto,
un susurro que recorre la montaña,
las sombras se alargan, se disipan
y el día se despierta sin prisa,
en su lento y apacible fluir.
El frío aún guarda su abrazo,
pero el sol, tímido y brillante,
rompe el hielo de la mañana
y en el aire, la paz se respira.
Aquí, en Huéneja, el tiempo se detiene,
donde todo se mezcla en un instante eterno,
el aroma de la tierra,
la fragancia de la quietud,
y el susurro de la soledad
se entrelazan en una danza callada,
bajo un cielo que solo conoce la serenidad.